Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA
Lyra se sentó de nuevo, su mirada fija en un punto lejano. “Quizás… porque necesitábamos encontrarnos. Tú, para recordar que el futuro es posible. Y yo… quizás yo necesitaba recordar el pasado. Y la chispa de lo inesperado que una vez brilló en mis ojos.”El día que se decidió a ir, el corazón le latía con la fuerza de un tambor. Se sentía como aquel chico de 1979, nervioso, expectante, pero ahora con el peso de las décadas sobre sus hombros. Estacionó su coche, un modelo moderno que haría sonrojar a cualquier vehículo de 1979, y caminó por el sendero que conducía a la puerta.
Subió los escalones, sus manos sudorosas. Dudó un instante antes de llamar. ¿Qué diría? ¿Cómo reaccionaría ella? ¿Sería capaz de recordarlo, de reconocer a aquel joven que había aparecido de la nada en su mundo?
Finalmente, apretó el timbre. Sonó una melodía suave, apenas audible. Tras unos segundos que parecieron una eternidad, la puerta se abrió.
Una mujer de cabello blanco, recogido en un moño elegante, apareció en el umbral. Sus movimientos eran pausados, pero conservaban una gracia que recordaba a la Lyra que él había conocido. Llevaba gafas de montura fina, y su mirada, aunque más tenue, seguía siendo penetrante.
José tragó saliva. “Lyra…”, comenzó, su voz temblando.
La mujer lo miró, sus ojos verdes escrutándolo con atención. Una expresión de sorpresa cruzó su rostro, seguida de una leve inclinación de cabeza, casi imperceptible. Había un atisbo de reconocimiento, una chispa que se encendió en la profundidad de su mirada.
- Pase usted, joven- , dijo, su voz ahora más grave, marcada por el tiempo, pero con un timbre inconfundible. - Parece que… nos conocemos de hace mucho tiempo.
José entró en la casa, sintiendo que el aire se volvía más ligero, más familiar. El interior era sencillo, pero lleno de libros y objetos de arte. Había un olor a hierbas secas y a paz.
Se sentaron en el salón, frente a frente. José no sabía por dónde empezar.
- Yo… vengo de… de hace mucho tiempo- , dijo finalmente, sintiéndose ridículo. - De 1979. Usted… usted estaba en un folleto. En un lugar llamado El Valle de las Muñecas.
Lyra lo escuchaba atentamente, sin interrumpir. Cuando José terminó de hablar, ella sonrió, una sonrisa melancólica pero genuina.
- Recuerdo el folleto”, dijo suavemente. - Y recuerdo… el eco.- Se quitó las gafas, y sus ojos verdes, ahora despojados de cualquier barrera, lo miraron directamente. - Y te recuerdo a ti, José. El chico que apareció de la nada. Para ti, solo pasaron unos días, ¿verdad? Pero para mí… Su voz se apagó por un instante. -Para mí, el tiempo continuó. Como siempre lo hace.
Se hizo un silencio cargado de significado. José la miraba, asombrado. Ella lo recordaba. A pesar de las décadas, a pesar de las realidades divergentes, ella lo recordaba.
- Usted… usted parece la misma- , dijo José, casi por impulso. -Bueno, no igual. Pero… su mirada…”
Lyra se rió, un sonido suave y ronco. “El tiempo deja su huella, José. Pero algunas cosas… algunas cosas trascienden. Como la memoria de un encuentro imposible. El Valle… fue una experiencia singular. Y tú fuiste… una singularidad dentro de ella.” Se levantó y caminó hacia una estantería, donde cogió un pequeño objeto plateado. Volvió y se lo tendió.
Era un pequeño recuerdo, con la forma del resort de El Valle de las Muñecas.
- Un recuerdo- , dijo. -Para que nunca olvides que la aventura fue real. Y para que sepas… que a veces, el futuro nos encuentra de las maneras más inesperadas.
José tomó el objeto, sintiendo su frialdad familiar. Miró a Lyra, a la mujer que había sido una joven enigmática en un folleto, una presencia etérea en un resort futurista, y ahora, una anciana sabia que lo reconocía a través de casi medio siglo.
- ¿Por qué… por qué yo?- , preguntó José, la pregunta que había llevado consigo durante tanto tiempo.
CONTINUARA
© Jose A. Andreu Fdez.




















