domingo, 24 de mayo de 2026

INVITADOS DEL FUTURO: CAPITULO 3: EL VIAJE INESPERADO

 Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA


De repente, la niebla se disipó tan rápido como había aparecido. Parpadearon, deslumbrados. Ya no estaban en el camino de tierra que llevaba a Torre Pacheco. Estaban… en otro lugar. Un lugar vibrante, lleno de color y luz. El aire olía a flores exóticas y a algo dulce, como a caramelo. A su alrededor, edificios de formas elegantes y aerodinámicas, coches que parecían naves espaciales, y gente paseando con una elegancia despreocupada. Y ante ellos, un letrero luminoso que decía, con la misma tipografía del folleto: **“The Doll’s Valley. Tomorrow’s Vacation, Today.”**

 “¿Pero… dónde estamos?” logró decir Ginés, su voz temblando de incredulidad.

José, sin poder apartar la vista de su alrededor, solo pudo murmurar: - Estamos… estamos aquí, en el lugar del folleto.-

 En ese instante, sus ojos se posaron en una figura que se acercaba. Una mujer con el pelo negro cortado a la moda, unos ojos verdes brillantes y la misma sonrisa enigmática del folleto. Era ella. La mujer, que se presentó como Lyra, se detuvo frente a ellos, una ceja arqueada. “¿Perdidos, chicos?” su voz era la misma que habían oído por teléfono, pero ahora sonaba cálida, curiosa. “Nunca había visto a nadie vestido así por aquí.”

José, paralizado, solo pudo señalar el folleto que Ginés seguía sujetando.

La mujer sonrió, una sonrisa que revelaba un conocimiento antiguo. “Ah, el viejo folleto. Fascinante. Bienvenidos a El Valle de las Muñecas.

—¿Cómo... cómo hemos llegado aquí? —preguntó José, aturdido.

—Ustedes reservaron, ¿verdad? —respondió  Lyra, con una sonrisa perfecta—.

Mientras caminaban por el complejo, José no dejaba de mirar a Lyra. Sus ojos verdes parecían ver a través de él, y su manera de moverse era casi demasiado perfecta.

—¿De dónde son ustedes? —preguntó Lyra

—De... de Murcia, España —dijo Ginés, recuperando un poco la compostura.

—¡Qué maravilloso! Tenemos muchos huéspedes internacionales.

Lyra les acompañó a sus habitaciones, Dejó a Gines en su habitación y a Jose en la de la lado de Ginés.






 

La habitación era moderna y minimalista, con una ventana enorme que daba a una de las piscinas. Pero algo extraño llamó la atención de José: no había calendarios ni relojes en ninguna parte.

—¿Qué día es hoy? —preguntó José.

—25 de julio de 1969 pero..¿Por qué preguntas algo tan trivial? —Respondió Lyra, su sonrisa vacilando por un instante—. Disfruten del presente. Aquí, el tiempo no importa.

    CONTINUARA 

                                          © Jose A. Andreu Fdez.

sábado, 23 de mayo de 2026

INVITADOS DEL FUTURO: CAPITULO 2: LA LLAMADA MISTERIOSA

 Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA

 “¿Estás seguro de que va a funcionar?” preguntó José, observando la moneda que Ginés introducía en la ranura. – Ese folleto, y ese número de teléfono es de los Estados Unidos y es de los años 60.

-Solo hay una forma de saberlo,- respondió Ginés, marcando el número con dedos temblorosos.

Sonó un tono de llamada largo y extraño, no como los de España. Luego, un clic. Y una voz. Clara, melodiosa, con un acento americano impecable, pero con una cadencia casi hipnótica.

“*Welcome to The Doll’s Valley. Tomorrow’s Vacation, Today.*”

El sonido se cortó abruptamente. Un silencio denso cayó sobre la cabina. Los dos amigos se miraron, con los ojos desorbitados.

- ¡Me cago en la leche!-  exclamó Ginés, soltando el auricular como si quemara.

- ¡Vámonos de aquí!-  dijo José, el corazón martilleándole en el pecho. La voz de la mujer, la frase… era demasiado.

Salieron de la cabina y comenzaron a caminar de vuelta al pueblo, tratando de recomponerse, de racionalizar lo sucedido. Pero entonces, una niebla extraña comenzó a arremolinarse a su alrededor. No era la niebla del mar, era algo más denso, más opaco, con un ligero brillo azulado. Se hizo espesa, envolviéndolos por completo, desorientándolos. El sonido de sus pasos se apagó, el mundo se volvió irreal....

                                  © Jose A. Andreu Fdez.

viernes, 22 de mayo de 2026

INVITADOS DEL FUTURO (CAPITULO 1) EL CASERÓN ABANDONADO

 Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA

El sol de Murcia caía a plomo sobre los campos de melones y pimientos de Torre Pacheco. Era un verano de 1979, un tiempo de calor sofocante y siestas largas, interrumpidas solo por el zumbido de las moscas y las risas despreocupadas de los chiquillos. Para José y Ginés, dos amigos inseparables unidos por la audacia de la adolescencia, ese verano prometía ser una sucesión de aventuras. Hoy, su objetivo era el viejo caserón del cura, un edificio que llevaba décadas abandonado a las afueras del pueblo, un lugar envuelto en leyendas de fantasmas y tesoros escondidos.

—¿Estás seguro de que deberíamos entrar aquí, Ginés? —preguntó José, mirando la vieja casa de dos plantas que se alzaba ante ellos como un esqueleto olvidado en el paisaje de Torre Pacheco.

—¡Vamos, José! ¿Dónde está tu espíritu de aventura? —rió Ginés mientras empujaba la puerta de entrada, que cedió con un chirrido desgarrador—. Es solo una casa abandonada. ¿Qué podría pasar?

Dentro, el polvo flotaba en los haces de luz que se colaban por las grietas de las ventanas.

—Esto es más espeluznante de lo que pensaba —susurró José mientras subían la escalera de madera crujiente.

 El interior olía a humedad y a tiempo detenido. La luz se filtraba tímidamente por las rendijas, creando un juego de sombras danzantes. Muebles cubiertos con sábanas blancas parecían figuras fantasmales esperando a ser descubiertas. Recorrieron varias habitaciones, cada una más sombría que la anterior, hasta que llegaron a un despacho en el primer piso. Allí, sobre un escritorio de caoba carcomido por la polilla, un mueble singular llamó su atención. Era un pequeño armario empotrado, con la madera oscura y adornos de bronce deslucidos.

José, siempre el más curioso, abrió una de las puertas con cuidado. En su interior, entre papeles amarillentos y lo que parecían ser viejos frascos de medicina vacíos, encontraron algo inesperado: un folleto. Estaba impreso en papel grueso, y el diseño era sorprendentemente moderno para lo que esperaban encontrar. En la portada, en letras audaces y estilizadas, se leía: **“The Doll’s Valley. Tomorrow’s Vacation, Today.”**


- ¿Qué coño es esto?-  masculló Ginés, tomando el folleto de las manos de José. Estaba escrito en inglés.

Pasaron las páginas con avidez. Imágenes a todo color, vibrantes y nítidas, mostraban un lugar idílico: piscinas relucientes, jardines exuberantes, personas sonrientes con ropa de estilo futurista pero extrañamente familiar. Luego, la imagen que los detuvo en seco. Una mujer joven, de pelo negro azabache cortado a la altura de la mandíbula, unos ojos verdes penetrantes que parecían mirarlos directamente desde la foto, y una sonrisa enigmática. Vestía un traje de baño de una pieza con un diseño geométrico, muy de la época

- Mira esto, José,- señaló Ginés una línea de texto bajo la foto. “Ponía… ‘El Valle de las Muñecas, las vacaciones del futuro, hoy’.”

Y debajo, un número de teléfono, con el prefijo de Estados Unidos.

- ¿Esto es de broma?”- rió José, aunque un escalofrío le recorrió la espalda. La imagen de la chica… había algo en su mirada que lo cautivó.

Un impulso irracional los invadió. Salieron del caserón a toda prisa, el folleto apretado en la mano de Ginés, el sol ya picando menos, anunciando el atardecer. Buscaron la cabina telefónica más cercana, un cubículo verde de metal con olor a tabaco y desinfectante. El aire estaba cargado de una expectación eléctrica.

                              © Jose A. Andreu Fdez.

jueves, 21 de mayo de 2026

SOBRE MI


He publicado muchas fotos y cosas sobre mis gustos mi dia a dia pero ha llegado el moento que os cuente como soy, mis miedos, mis ilusiones, pero sobre todo que os cuente sobre mi.

Los que me conoceis, los que trabajais conmigo me veréis serio, pero nada mas lejos de la realidad, se puede bromear conmigo, se me puede hablar, si, sobre todos las mujeres NO muerdo, solo que soy muy introvertido, y muy paradito, muy cortito sobre todo con las mujeres y si son guapas como kis comàñeras de trabajo, mas todavía, soy muy servicial, muy atento, y sobre todo un caballero, solo que me cuesta mucho expresar sentimientos, me cuesta pedir algo, un abrazo , muchas veces me voy a casa con ese sinsabor.. por eso uso la escritura para aliviar mis penas, para desahogarme, quizás hayas leído algo mio en mi blog por las redes sociales si me sigues, otro ascepto de mi, el mas negativo.. soy celoso, si pero no de montar numeritos ni de hacer daño, los celos mios me provocan depresión, no soporto ver como sobre todo alguna mujer que ha caído en gracia verla abrazar a otro y a mi ignorarme, no, no lo soporto yo también tengo sentimientos, también soy cariñoso, si soy cariñoso..y con mis sentimientos NO SE JUEGA, si, soy muy bueno, demasiado bueno, pero si me pinchas, pincho... asi que hombre que me conoces y lees esto, si te acercas a la chica que gusta y tu sabes quien es.. las manitas donde yo las vea, y que corra el aire,,en fin asi soy yo en líneas generales, de serio nada, introvertido y paradito si acaso, espero que ahora tengáis otro concepto de mi ah y otra cosa soy muy buena compañía, muchas ( si mujeres) me dicen que transmito tranquilidad. En definitiva este soy yo.

Jose A. Andreu Fdez.

sábado, 16 de mayo de 2026

Sombras en la Oficina- Capítulo 12 y último – La Boda


  Nota del autor: la imágenes que ilustran este relato han sido generadas por Inteligencia Artificial por AI Free Video, y PixVerse y  al igual que lo relatado en esta ficción cualquier parecido con personas  o historias de la realidad es pura y mera coincidencia.

 








 

 

La plaza de Torre Pacheco se había transformado en un jardín de luces. Farolillos de papel colgaban entre las palmeras y el cielo aún conservaba el último tono rosa del atardecer. En el centro, la Agrupación Musical Ntra. Sra. del Pasico afinaba sus instrumentos; el clarinete lanzó una nota suave que hizo que el corazón de Ana diera un salto.

Llevaba el mismo vestido floreado que Mateo le había regalado la noche del lago, ahora rematado con un lazo blanco en la cintura. Él esperaba al pie del altar improvisado, traje negro, corbata suelta y esa sonrisa que siempre conseguía que las sombras huyeran.

Cuando Ana llegó caminando entre dos filas de sillas de madera, ante la atenta mirada de sus compañeros de trabajo, de sus familiares,  la banda empezó a tocar “Contigo”. Cada paso era más firme; el miedo ya no existía. Mateo le tomó la mano y, en voz baja, susurró:

—Sin sombras, solo tú.

Las palabras quedaron grabadas en el anillo de plata que deslizó en su dedo: “Sin sombras, solo tú”.

El sacerdote sonrió y, antes de pronunciar el “sí quiero”, la lluvia ligera empezó a caer, pero nadie se movió. Ana y Mateo se besaron bajo gotas brillantes, entre aplausos y la música que envolvía la plaza como una promesa. Cuando se separaron, Mateo apoyó la frente contra la de ella.

—Ahora viene lo bueno —dijo Mateo- ¿lista para una nueva vida?.

Ana rio, entrelazó sus dedos y respondió:

—Siempre que tú estés en ella.

La lluvia empezó a caer, suave y cálida. Nadie se movió. Ana y Mateo se besaron bajo las gotas brillantes, entre aplausos y la música que envolvía la plaza.

El último acorde de la Agrupación se elevó hacia el cielo gris

La historia que empezó entre pasillos de oficina terminó convertida en un para siempre, porque a pesar de todo siempre, siempre hay una esperanza, y siempre hay un mañana.

                                                    FIN

                          © Jose A. Andreu Fdez.

 

jueves, 14 de mayo de 2026

Sombras en la Oficina: Capítulo 7 - Escapada al Lago y el "te quiero definitivo


Nota del autor: la imágenes que ilustran este relato han sido generadas por Inteligencia Artificial por AI Free Video, y PixVerse y  al igual que lo relatado en esta ficción cualquier parecido con personas  o historias de la realidad es pura y mera coincidencia.

Necesitaban aire. Viernes post-oficina: maletas rápidas y rumbo al lago de su primer fin de semana. Vestido floreado de Ana ondeando al viento, manos entrelazadas en el volante. Música romántica: baladas que cantaban a dúo.

Ya en el lago, Cabaña rústica: fogata, marshmallows, estrellas. Más tarde, baño en el lago al anochecer —cuerpos resbaladizos, besos salados. Noche en hamaca: intimidad profunda, susurros de sueños ("Casa propia, viajes, familia?"). Amanecer con café y promesas: su conexión, inquebrantable.

El lunes,  de vuelta a la oficina, a la rutina : miraditas evolucionadas a sonrisas abiertas, post-its con "Te adoro". Pero el clímax llegó en una cena sorpresa que Mateo planeó —restaurante con vista, rosas, su libro de poemas favorito con nota nueva: "Para mi poeta eterna". Más tarde llegó el Brindis: 

-           Ana, has borrado mis sombras para siempre- le susurró Mateo .

-          Mateo, te quiero. Oficial y para siempre".le susurró Ana con ojos brillantes:  

Sellaron el brindis con un  beso eterno, celebrado con  aplausos de extraños. De regreso, en la cama: amor lento, intenso, sellando palabras con cuerpos. Ilusión total.

    

                                    © Jose A. Andreu Fdez.

sábado, 9 de mayo de 2026

Sombras en la Oficina: Capítulo 6 - Celos Juguetones

 

 Nota del autor: la imágenes que ilustran este relato han sido generadas por Inteligencia Artificial por AI Free Video, y PixVerse y  al igual que lo relatado en esta ficción cualquier parecido con personas  o historias de la realidad es pura y mera coincidencia.


La oficialización trajo fiesta, pero también chispas. En la oficina, un nuevo diseñador, Marco (guapo, coqueto), revoloteaba cerca de Ana.- ¡Tu idea del proyecto es genial!-, le dijo, tocándole el brazo. Mateo, desde su cubículo, sintió un pinchazo —celos calientes. Miradita secreta: Ana captó su ceño fruncido y sonrió maliciosa.

Al salir, en el parking: Ana le preguntó:

- ¿Celoso, amor?

  Él la acorraló contra el auto:

 -   Sí, pero solo porque eres mía.- Le contestó Mateo poniendo las, manos firmes en su cintura.

 Esa noche, cena casera con música suave —vino, risas, y sexo juguetón donde "castigó" sus celos con caricias lentas. "Nadie más que tú", - juró ella, arañando su espalda. Sus sombras ahora eran solo preludio de pasión.

                        © Jose A. Andreu Fdez.

 

jueves, 7 de mayo de 2026

Sombras en la Oficina: Miradas Prohibidas y anuncio Oficial (Parte 5)

 

  Nota del autor: la imágenes que ilustran este relato han sido generadas por Inteligencia Artificial por AI Free Video, y PixVerse y  al igual que lo relatado en esta ficción cualquier parecido con personas  o historias de la realidad es pura y mera coincidencia.


El siguiente fin de semana se convirtió en un torbellino de ellos dos. Sábado post-cita: picnic improvisado en el parque, besos bajo el sol, siestas entrelazados en una manta. "No quiero que termine", gemía Ana, mientras él trazaba corazones en su espalda.

El Domingo un  viaje por carretera a un lago cercano música alta, chapuzones juguetones y sexo espontáneo bajo las estrellas, pieles brillando, susurros de "eres mío". Cada roce era fuego, cada mirada una promesa.

Lunes en la oficina: el mundo real, pero con su secreto ardiendo. Mateo llegó primero su corazón latiendo fuerte. Ana entró, elegante en falda lápiz, y sus ojos se encontraron al instante —una miradita secreta, cargada de complicidad y deseo. Él sonrió pícaro desde su escritorio; ella mordió su labio, guiñando.

Todo el día fue un juego tortuoso y delicioso: En el Café matutino se rozaron "accidentalmente" en la máquina, dedos entrelazados en  un segundo eterno. En la Reunión semanal que tocaba ese dia se colocaron sentados opuestos, pies juguetones bajo la mesa, miradas.. Más tarde en el almuerzo, excusa de "charla de proyecto" en la sala de descanso —beso robado, rápido pero intenso, con risas ahogadas.

Al final del día, en el ascensor vacío, Ana lo arrinconó:

-          No aguanto más estas miraditas".- le decía Ana con un beso voraz, y sus  manos explorando... pero se frenaron, riendo.

-          Hagámoslo oficial aquí mismo -le susurró Mateo.

En el pasillo desierto, tomados de la mano, entraron a la oficina principal.

-          ¡Atención!", gritó Mateo con voz temblorosa de emoción.

-    De repente un silencio invadió la sala y todos los presentes se giraron

-           "Ana y yo... ¡somos pareja oficial!- anunció Mateo-  ¡Ya no más sombras!"

-          El silencio se rompió de repente. aplausos y silbidos. Ella, roja pero radiante, lo besó frente a todos en un beso profundo, victorioso.

La oficina estalló de júbilo y se convirtió en una fiesta improvisada. Sus sombras, quedaron disipadas para siempre.

                               © Jose A. Andreu Fdez.

 

miércoles, 6 de mayo de 2026

Sombras en la Oficina: Capitulo 4: La Señal del Destino

 

  Nota del autor: la imágenes que ilustran este relato han sido generadas por Inteligencia Artificial por AI Free Video, y PixVerse y  al igual que lo relatado en esta ficción cualquier parecido con personas  o historias de la realidad es pura y mera coincidencia.


 







 

Esa noche, después del parque, Ana invitó a Mateo a quedarse a cenar.

-            No quiero que termine el día, - dijo, con ojos chispeantes. Cocinar juntos fue puro romance: ella cortando verduras, él abrazándola por detrás mientras reían de salpicones.

-            Esto es lo que soñaba,  murmuró él en su oído. Ella giró, besándolo lento, profundo, hasta que el mundo se redujo a ellos dos.

Bailaron en la sala con música suave, manos en la cintura, susurros de "eres mi destino". Bajo las luces tenues, se confesaron más:

-          Pensé que eras inalcanzable, como un sueño, - dijo Mateo.

-          Y yo, que esperabas el momento perfecto. Ahora lo tenemos.

Durmieron abrazados, corazones sincronizados. Al amanecer, Ana sonrió:

-       Esto no es casualidad... es el destino escribiendo nuestra historia.

El domingo, Mateo despertó con Ana acurrucada a su lado, el sol pintando su piel. "Hoy, cita oficial. ¿Lista para dejar las sombras atrás?", preguntó él, besando su frente. Ella rió, juguetona: "Solo si prometes no ser el Mateo tímido de la oficina"

Se arreglaron con ese cosquilleo de principiantes: él con camisa ajustada que ella eligió, ella con un vestido floreado que lo dejó sin aliento. "Eres un sueño andante", le dijo Mateo, tomándole la mano al salir.

La cita empezó en un café con terraza, mesas al aire libre bajo guirnaldas de luces. Pidieron lattes y pasteles, pies rozándose bajo la mesa. Hablaron de todo: sueños de infancia (ella quería ser escritora, él viajar), miedos (el rechazo mutuo que casi los frena) y futuros ("Contigo, cualquier cosa suena perfecta"). Sus risas atraían miradas, pero solo se veían ellos —manos entrelazadas, pulgares acariciando.

De ahí, un paseo por el río al atardecer. Ana apoyó la cabeza en su hombro mientras caminaban. -"Esto es oficial: eres mi novio",- declaró, robándole un beso dulce bajo un puente adornado de enredaderas. Mateo la levantó en brazos, girándola:- "Y tú mi todo”.

Por la noche Cenaron en un restaurante italiano íntimo: velas, vino tinto, pastas compartidas. Bailaron pegados en una esquina improvisada, susurros calientes en el oído ("No puedo dejar de mirarte"). El postre fue un beso largo, apasionado, con promesas de noches como esa la llevaron de vuelta al apartamento —ahora "su" refugio—. En la puerta, otro beso interminable.

-          Me has salvado de mis sombras", dijo él.

-          Y tú me has dado luz", respondió ella.

Entraron, y pasaron  la noche extendiéndose en caricias y risas.

                                      © Jose A. Andreu Fdez.

martes, 5 de mayo de 2026

CARTA A UNA AMISTAD NO CORRESPONDIDA

 Nota del autor: Imagen generada por IA







 

A veces, la vida nos presenta encrucijadas silenciosas, caminos que tomamos sin darnos cuenta hasta que nos encontramos en medio de un paisaje de anhelo y melancolía. Hoy me encuentro aquí, escribiendo a una sombra, que permanece, cruelmente, fuera de mi alcance.

Me hablas poco, apenas un saludo fugaz, un "buenos días" que se pierde en el ajetreo del día. Escucho esas palabras amables que regalas a otros como si fueran confeti. Risas compartidas que yo anhelo pero no recibo. veo cómo distribuyes tu afecto con generosidad, cómo tus abrazos y palabras reconfortantes llegan a todos... excepto a mi.

Cada escena es una puñalada, un recordatorio de que soy invisible para ti. Y duele en la carga que llevo sin poder compartirla con nadie más. Llevo esta tristeza como una mochila pesada, solo yo sé de sus piedras, y las noches se alargan con "qué pasaría si…

 Y en mi soledad me pregunto, ¿qué hay en mí que no despierta esa misma ternura que ofreces tan libremente a los demás? Y  tengo la respuesta, Tengo la certeza de  que no soy de tu agrado —o al menos, eso me dice mi intuición, esa voz cruel que interpreta cada silencio como rechazo.

 He intentado ser amigo, acercarme sin presiones, construir un puente palabra por palabra, pero cada intento parece chocar contra esa barrera que no sé si es indiferencia, timidez o simplemente la constatación de que no soy de tu agrado

No te culpo por no sentir lo mismo. La amistad no se puede forzar, no se puede negociar. Simplemente es, o no es. Y ni yo ni  nadie tenemos derecho a obligar a nadie ser amigos  Y aunque duele aceptarlo, asi debe ser.

Escribir esto no cambiará nada, no borra el dolor de verte feliz con otros. Pero libera. Me recuerda que mi corazón aún late con fuerza..

Escribo esta carta que nunca enviaré, solamente  porque necesito liberar este peso que llevo solo. Esta carta es un desahogo, un lienzo donde pinto mis sentimientos más puros y, a la vez, más dolorosos. No espero que estas palabras lleguen a a nadie. Busco, quizás, un poco de alivio para mí mismo, un acto de valentía al reconocer esta verdad que me habita.

Anhelo la posibilidad de construir un puente de amistad. Pero el miedo a la indiferencia, a la confirmación de que no soy de tu agrado, me paraliza. Y mientras tanto, sigo aquí, como un espectador aferrado a la esperanza de que un día, las cosas puedan ser diferentes, o al menos, que pueda aprender a navegar estas aguas sin ahogarme en su inmensidad.

Quizás algún día llegue ese afecto puro del  que no espera nada a cambio. Quizás algún día pueda ver tus abrazos a otros sin sentir ese agujero en mi pecho.  Quizás un día te conviertas en un bonito recuerdo, o quizás el destino me sorprenda.

Por ahora, me quedo con la belleza de tu recuerdo, con la esperanza tácita de una posible amistad, y con el dolor silencioso de una amistad que, quizás, nunca llegue a ser correspondida.

Con todo mi cariño y afecto que no te puedo dar y que guardaré para siempre en silencio.

Un alma que admira desde la distancia y que te observa en silencio

                                  © Jose A. Andreu Fdez.


lunes, 4 de mayo de 2026

Sombras en la Oficina: Capitulo 3: Susurros Románticos

  Nota del autor: la imágenes que ilustran este relato han sido generadas por Inteligencia Artificial por AI Free Video, y PixVerse y  al igual que lo relatado en esta ficción cualquier parecido con personas  o historias de la realidad es pura y mera coincidencia.

El sábado amaneció nublado en el apartamento de Ana. Mateo llegó puntual, con una bolsa de croissants frescos y nervios bailando en el estómago. Ella abrió la puerta en pantalones cómodos y una camiseta holgada, el cabello suelto cayendo como cascada. "¡Entra, chef!", rió, y su abrazo de bienvenida duró un segundo de más —ese roce de cuerpos que dice todo sin palabras.

En la cocina pequeña, prepararon café mientras charlaban. Pero el romanticismo se coló como niebla dulce: Ana rozó su mano al pasarle la taza, sus dedos entrelazándose un instante. "Ayer... gracias por ser honesto. Me gustó verte vulnerable", confesó ella, ojos brillando. Mateo tragó saliva. "Y a mí, sentirte cerca. Eres como un poema que no sé recitar".

Se sentaron en el sofá del día anterior, el mismo testigo de lágrimas. Ahora, en vez de dolor, había calidez. Ana se acurrucó un poco contra él, hombro con hombro.

-   Cuéntame más de ti. ¿Qué escribes en ese diario?.

Él sonrió, rojo, y leyó fragmentos de su "carta no correspondida" —versos sobre su sonrisa, su risa como música. Ella escuchaba embelesada, mano en su rodilla.

- Es precioso... yo podría ser esa musa, ¿sabes?".

El aire se cargó. Mateo giró su rostro con ternura, pulgares rozando sus mejillas.

-   Ana, ¿puedo...?. -Ella asintió, cerrando los ojos. Sus labios se encontraron en un beso suave, romántico, como lluvia fina: primero tímido, explorando, luego profundo, con manos enredadas en cabello y cintura. Sabía a café y promesas. Se separaron jadeantes, frentes juntas.

-   Esto se siente bien", susurró ella. - Despacio, pero juntos.

Pasaron la tarde paseando por un parque cercano, manos entrelazadas, robándose besos bajo árboles. Ana le regaló un libro de poemas con una nota: “Para mi poeta de oficina”- Mateo sintió que las sombras se disipaban; el amor, al fin, era recíproco.

                                    © Jose A. Andreu Fdez.

domingo, 3 de mayo de 2026

Sombras en la Oficina: Capitulo 2: Confesión Bajo la Lluvia

 Nota del autor: la imágenes que ilustran este relato han sido generadas por Inteligencia Artificial por AI Free Video, y PixVerse y  al igual que lo relatado en esta ficción cualquier parecido con personas  o historias de la realidad es pura y mera coincidencia.


La lluvia caía sin piedad esa tarde de viernes, convirtiendo las calles en espejos rotos. Mateo y Ana habían salido del bar cerca de la oficina con paraguas compartidos y una conexión nueva latiendo entre ellos. Habían reído sobre anécdotas tontas del trabajo, pero cuando el aguacero arreció, Ana miró su reloj. "Vivo a dos cuadras, ¿entras a esperar que pare? No quiero que te mojes más".

Mateo dudó, pero el destino —o el corazón— lo empujó. Subieron las escaleras empapados al pequeño apartamento de Ana en un edificio viejo pero acogedor. Era un refugio cálido: libros apilados, velas aromáticas, una manta mullida en el sofá. "Toma, seca esto", dijo ella, pasándole una toalla y un té caliente. Se sentaron cerca, el vapor subiendo entre ellos.

Ese calor, su cercanía, rompió las defensas de Mateo. "Ana... tengo que decirte algo", balbuceó, voz quebrada. Ella dejó la taza, preocupada. "¿Qué pasa?"

Las lágrimas vinieron como la lluvia afuera.

-       Siento algo por ti desde hace meses. Tu dulzura, cómo eres con todos... duele verte abrazar a otros, reír con ellos, mientras yo soy invisible. Pensé que no te gustaba, que llevaba esto solo para siempre".- Se derrumbó,  Sollozó, cubriéndose la cara, el cuerpo temblando en ese sofá extraño pero seguro.

Ana no se apartó. Sus ojos se llenaron de ternura, y lo abrazó con fuerza, atrayéndolo contra su pecho. 

-       Ven aquí corazón…Shh, tranquilo mi amor... desahógate todo lo que quieras cariño",- murmuró, acariciando su cabello mojado mientras él lloraba liberado.

-       Tranquilo corazón mío.. estas temblando..shh ya esta .. corazón ya .. tranquilo..- susurraba Ana mientras no dejaba de acariciarlo.

-       "No.. no lo sabía, Mateo. Eres el que me hace sonreír con tus notas en la oficina, tus trucos geniales. Yo también era tímida contigo... pensaba que no querías hablarme. No eres invisible corazón, eres especial".- Le susurraba Ana Con ternura mientras no dejaba de acariciarlo.

                                


Él levantó la vista, sorprendido. "¿No te molesta?" Ella negó, limpiándole las lágrimas con dulzura. "Me emociona. Vamos despacio, ¿sí? Pero cuéntame todo, no guardes nada". Se quedaron así una hora: él vaciando el dolor de meses —los abrazos ajenos, la soledad, la carta no enviada—, ella escuchando, abrazándolo, su cariño ahora un bálsamo solo para él.

La lluvia seguía cayendo fuera. "Mañana, ¿café en mi cocina? Como amigos... o lo que nazca", propuso Ana con una sonrisa tímida. Mateo asintió, el corazón aliviado. Salieron juntos, pero algo había cambiado en ese apartamento íntimo. De sombras a lágrimas compartidas, su historia ganaba calidez...

                                        © Jose A. Andreu Fdez.

sábado, 2 de mayo de 2026

SOMBRAS EN LA OFICINA: CAPITULO 1: UN AMOR QUE FLORECE EN SILENCIO

 Nota del autor: la imágenes que ilustran este relato han sido generadas por Inteligencia Artificial por AI Free Video, y  al igual que lo relatado en esta ficción cualquier parecido con personas  o historias de la realidad es pura y mera coincidencia.


En las luces fluorescentes de la oficina de "Soluciones Digitales", donde el tecleo constante era la banda sonora del día, vivía Mateo su secreto más dulce y amargo. Tenía 32 años, ojos cansados de pantallas y un corazón que latía con fuerza por Ana, la analista de marketing que ocupaba el cubículo al fondo. Ana era un rayo de sol: de estatura baja cabello castaño rizado  que caía en ondas suaves, una sonrisa que desarmaba tensiones en las reuniones y una dulzura que hacía que todos se sintieran vistos. Con sus compañeros, era puro cariño —abrazos rápidos al celebrar un cierre de proyecto, palabras amables como "¡Eres increíble!" que flotaban en el aire como confeti.

Pero con Mateo... nada. Un "hola" seco por las mañanas, una mirada que se desviaba rápido. Él lo notaba todo: cómo reía con Javier del equipo de ventas, cómo le tocaba el hombro a Laura durante las pausas para café. Cada gesto era una espina en su pecho. "¿Por qué no yo?", se preguntaba en las noches solitarias. Había descubierto sus sentimientos hace un mes, durante una tormenta que los dejó atrapados en la oficina hasta tarde. Ella charló con todos menos con él, y ahí nació el crush: imposible, doloroso, real.

Mateo decidió intentarlo despacio. "Primero amigos", se repetía. Empezó pequeño: dejó una nota anónima en la máquina de café con un chiste sobre el jefe gruñón. Ana rio al leerlo en voz alta, y por un segundo, su corazón voló. Luego, en una reunión, intervino cuando ella luchaba con un gráfico: "Prueba este atajo en Excel, funciona genial". Ella lo miró, sorprendida. "¡Gracias, Mateo! No se me había ocurrido". Fue lo más cerca que estuvo de una sonrisa dirigida solo a él.

Pero el dolor persistía. Una tarde, vio a Ana abrazar a Javier tras un gran logro. "¡Mi héroe!", dijo ella, y Mateo sintió el mundo derrumbarse. Salió a la terraza, lágrimas calientes en las mejillas. "Soy invisible", murmuró al viento de la ciudad. Esa noche, escribió en su diario —una "carta a un amor no correspondido"— liberando el peso que cargaba solo.


Al día siguiente, algo cambió. Ana se acercó a su cubículo con dos cafés. "Oye, Mateo, ¿me ayudas con ese gráfico otra vez? Eres un genio con eso". Él parpadeó, atónito. Charlaron 20 minutos: del trabajo, de series malas en Netflix, de lo estresante que era el tráfico. No fue un flechazo mutuo, pero fue un comienzo. Ella era dulce con todos, sí, pero con él empezó a haber curiosidad.

Pasaron semanas. Mateo no presionó; fue paciente, amigo de verdad. Compartieron almuerzos, risas sobre memes virales. Ana confesó que al principio lo evitaba porque era tímida con los "tipos callados y misteriosos" como él. "Pensé que no te gustaba hablar conmigo", admitió una vez. El rechazo imaginado era solo miedo mutuo.

Un viernes, bajo la lluvia que recordaba aquella tormenta, Ana lo invitó a un bar post-trabajo. "Eres más que un compañero, Mateo. Me haces reír de verdad". Él sonrió, el corazón latiendo fuerte pero sin prisa. No era el final de cuentos de hadas —el amor no correspondido rara vez lo es—, pero era real: de sombras a luz, de silencio a palabras.

Mateo aprendió que a veces, el primer paso es soltar el dolor en papel, y dejar que el destino pinte el resto. Y en esa oficina ruidosa, dos almas solitarias encontraron, al fin, su ritmo.

                                              © Jose A. Andreu Fdez.