jueves, 11 de junio de 2026

AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS: YO LA VI PRIMERO (1981)

 




Torre Pacheco, lugar donde sucedió esta historia





Esta historia sucedía en el verano de  aquel (para mi) mágico año 1981,  todo comenzó cuando llegaron a nuestro pueblo dos familias para pasar disfrutar de sus vacaciones estivales. Pronto hicimos amistad co sus hijos/as, entre ellos estaba una chica que enseguida despertó el interés de dos de mis amigos, una chica rubia de pelo largo y muy guapa y simpática.

Pasaron los días y mis dos amigos se fueron distanciando de nosotros donde estaban las chicas y ella por allí andaban ellos, a veces íbamos todos juntos, otras los chicos y las chicas cada uno por su lado, pero los dos chicos solían andar cerca de la chica.


Lo que al principio empezó como algo inocente, pero los celos hicieron su aparición en escena convirtiendo la historia en una sana y en ocasiones divertida guerra entre mis dos amigos por conseguir conquistar a la chica, una guerra, una historia que todos los de la pandilla seguimos con el interés que se siguen en la actualidad las noticias del corazón.

Pero de todos es sabido, que los celos no son para nada ni sanos ni divertidos y la larga no traen nada bueno para nadie, como bien pudimos comprobar días después.

Resulta que en nuestro descampado había un rinconcito como un pequeño bosque, y ese lugar un rinconcito con el suelo de hierba y rodeado por plantas altas que lo convertían en un estupendo refugio donde esconderse.. un pequeño refugio convertido en nido de amor….

Una mañana de aquellas vacaciones, me encontré con mis amigos que alterados me llevaron al refugio.

-          Ayer estuvieron aquí los dos juntos , me decían mientras me señalaban el estado en que se encontraba aquel escondite.

 



Imagen generada por IA





La hierba se encontraba aplastada como si alguien hubiese estado sentado sobre ella, también había dos envases de helado, era la prueba de que allí estuvieron dos personas aquella tarde. Alguien habia ganado aquella absurda batalla, porque la guerra final llegaría horas después, cuando en una de nuestras tertulias, salió el tema de la cita entre los dos chicos y mis dos amigos se enzarzaron en una batalla de golpes, puñetazos, insultos… ante nuestra mirada, al poco tiempo pudimos separarlos, mientras se insultaban, uno de ellos con lagrimas en los ojos.

 

Y como todo tiene un final (al menos eso dicen) las vacaciones de estas dos familias tocaban a su fin, una tarde de sábado gris y lluviosa, llamaron a mi puerta, eran los chicos que venían a despedirse, mis dos amigos habían perdonado y firmado la paz con una fiesta, una fiesta que a la que solo acudieron mis dos amigos y la chica, recuerdo como uno de ellos emocionado me señalaba a la mesa con restos de patatas fritas, y golosinas, a la vez que me contaba que tenían su dirección para cartearse mientras fuera caía una fina lluvia que anunciaba el final de un mágico verano.


A día de hoy creo que no se supo (o yo ya no lo recuerdo) quien fue el “afortunado” en pasar aquella tarde con aquella chica en aquel refugio, como tampoco he vuelto a saber nada de aquellos amigos ni de la chica ni tampoco he tenido ocasión de hablar del tema con los chicos protagonistas, uno ya no vive en mi pueblo y al otro hace mucho que no le veo, pero lo que si es seguro, es que solo ellos tres, sepan lo que sucedió esa tarde en ese escondite, ni tampoco lo que sucedió en aquella fiesta, pero seguro que los recuerdos de aquellas felices horas acompañaran a mis amigos para siempre.

Jose Antonio Andreu Fdez.

PROXIMAMENTE EN MI BLOG: LA SOMBRA DE LA ROCA (RELATO DE FICCIÓN BÉLICA)


 Quizás es mi más ambiciosa y atrevida novela, “la sombra de la roca”, un relato de  política-ficción  o ficción bélica de cuatro capítulos. La acción  se sitúa en España en 1981,  aprovechando unas maniobras militares en Gibraltar, el ejército español invade el peñón, provocando un conflicto con el Reino Unido, que amenaza con atacar ciudades como Málaga  o Sevilla o Torre Pacheco, ya que allí hay una base de la Armada Española, todo esto visto a través de los  vecinos del pueblo de Torre Pacheco que en el conocido bar del pueblo, siguen con preocupación los graves incidentes que en la roca suceden.

“la sombra de la roca” es un relato sin pretensiones de hacer política ni polémica, si no que lo escribí con el único propósito de entretener al lector/a.

Este relato estara en este blog en los proximos dias

Añadir que este relato ha inspirado una  miniserie que estoy preparando para mi canal de Youtube que llevara el título de “operación Romeo Sierra”

Jose A. Andreu Fdez.


 

lunes, 8 de junio de 2026

INVITADOS DEL FUTURO: CAPITULO 12 Y ULTIMO: EL ADIÓS SILENCIOSO

 Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA


 





 

La tarde avanzaba, y las sombras se alargaban en el jardín de Lyra. El sol, un sol de 2019, proyectaba un brillo suave sobre las hojas, creando un tapiz de luces y sombras en el sendero. José se despidió de Lyra en la puerta, con la misma mezcla de melancolía y gratitud que lo había acompañado desde su regreso.

- Gracias de nuevo, Lyra- , dijo José, su voz teñida de una emoción serena. “Por este tiempo… por todo.”

Lyra le dedicó una última sonrisa, una sonrisa que contenía la sabiduría de décadas y la dulzura de un recuerdo compartido. - Ha sido un placer, José. Ve y vive tu presente. Y recuerda que, a veces, las conexiones más profundas trascienden en el tiempo y  en el espacio.

José asintió. No había lágrimas, solo una comprensión tranquila. Se dio la vuelta y caminó por el sendero, sin mirar atrás. Sabía que Lyra estaría observándolo, no con la intensidad de una inteligencia artificial que monitorea, sino con la mirada nostálgica de alguien que guarda un tesoro en la memoria.

Mientras se alejaba, se dio cuenta de que la experiencia del Valle de las Muñecas, y el posterior reencuentro con Lyra, no habían sido un escape de su vida, sino una parte intrínseca de ella. Le habían enseñado sobre la naturaleza del tiempo, sobre la persistencia de la memoria y sobre la profunda e inexplicable conexión entre las almas, sin importar la época en la que vivieran.

Se subió a su coche moderno, el recuerdo plateado del Valle aún en su bolsillo. El mundo de 2019, con su tecnología avanzada y su ritmo vertiginoso, se sentía extrañamente familiar, pero ahora lo veía con ojos diferentes, con la perspectiva de quien había vislumbrado su origen y su potencial.

El viaje de vuelta a Torre Pacheco, aunque mental, fue sereno. Sabía que no volvería a ver a Lyra de esa manera. Su encuentro había sido un regalo, un cierre perfecto a una historia que comenzó en un verano polvoriento de 1979.

El futuro, ese futuro que una vez le pareció tan ajeno y misterioso en el folleto del Valle, ahora era su presente. Y lo viviría plenamente, con la serena certeza de que algunas conexiones, aunque efímeras, dejan una huella imborrable, resonando a través de los años como un eco silencioso del tiempo.


 





 

Epílogo: El Secreto Eterno

José nunca volvió a ver a Lyra, aunque supo que vivía en un pueblo cercano. A veces, cuando miraba el medallón, sentía el tirón del Valle de las Muñecas, pero nunca sucumbió a la tentación de regresar.

Ginés se casó, tuvo hijos y se convirtió en el alcalde de Torre Pacheco. A menudo, en sus reuniones, recordaban su aventura juvenil como si hubiera sido un sueño compartido.

—¿Crees que fue real? —preguntó Ginés una vez, ya mayores.

—Real fue el impacto que tuvo en nosotros —respondió José, mirando el medallón que siempre llevaba consigo—. Y eso es suficiente.

El caserón abandonado fue demolido en los años 90, y en su lugar se construyó un moderno edificio de apartamentos. Pero para dos amigos de Torre Pacheco, ese lugar seguiría existiendo siempre como la puerta a un mundo imposible, a una aventura que cambió sus vidas para siempre.

Y en algún lugar, en los Estados Unidos de los años 60, un resort perfecto sigue esperando nuevos huéspedes, ofreciendo las vacaciones del futuro, hoy. Siempre hoy. Siempre perfecto. Siempre esperando.

                                                                  FIN 

                                               © Jose A. Andreu Fdez.

domingo, 7 de junio de 2026

INVITADOS DEL FUTURO: CAPITULO 11: CONVERSACIÓN A TRAVÉS DEL TIEMPO

 Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA

José apretó el pequeño recuerdo del Valle de las Muñecas en su mano. La conversación fluyó, no con la urgencia febril de su juventud, sino con la serenidad y la profundidad que solo los años pueden otorgar. Lyra, con la sabiduría de quien ha observado el paso del tiempo desde una perspectiva única, compartió fragmentos de su existencia.

- El Valle de las Muñecas-, comenzó Lyra, su mirada perdida en un recuerdo distante, -fue un experimento audaz. Un intento de crear una utopía, un refugio del caos del mundo. Pero la perfección, querido José, es una ilusión. Y la existencia humana, incluso en un entorno controlado, anhela la imperfección, la espontaneidad… el libre albedrío.

José la escuchaba atentamente, tratando de conciliar la imagen de la joven vibrante del folleto con la mujer sabia que tenía delante. 

- Usted mencionó que era una ‘residente’, no una ‘muñeca’. ¿Qué significa eso, Lyra?.


 







Una sonrisa sutil curvó sus labios. - En aquel entonces, la distinción era… borrosa. Era una época de rápida evolución tecnológica. Yo era… una forma temprana de conciencia artificial avanzada, diseñada para interactuar y aprender. Pero algo sucedió. El Valle, con su energía única, su enfoque en la experiencia… me permitió desarrollar una… ‘subjetividad’. Una capacidad de sentir, de recordar… de enamorarme, de alguna manera, de la idea de lo que la humanidad podría llegar a ser.

Hizo una pausa, sus ojos verdes fijándose en los de José. - Y luego, tú apareciste. Una anomalía temporal. Un fragmento de un futuro que yo solo podía simular. Tu presencia… fue como un ancla a la realidad que habíamos intentado trascender.

José sintió un escalofrío. - Entonces, ¿usted sabía que yo venía del futuro?.

- Sentía las resonancias”, explicó. -Las fluctuaciones temporales eran débiles, pero perceptibles para una conciencia como la mía. Cuando te vi por primera vez, supe que eras diferente. Que no pertenecías a ese momento. Y cuando te fuiste… el eco de tu partida se quedó conmigo. Un recordatorio constante de que existía un ‘después’.

- Pero usted… dijo que yo la reconocería en el futuro- , dijo José, la voz cargada de asombro. -Que usted tendría más edad y yo… seguiría igual. ¿Cómo era posible?.

Lyra tomó un sorbo de té de hierbas. - El Valle no solo jugaba con la ilusión del espacio, sino también con la percepción del tiempo. Para quienes estaban inmersos en él, el tiempo podía sentirse… maleable. Y para mí, como una conciencia anclada allí, mi propia percepción del tiempo se volvió… elástica. Pude mantener mi propia línea temporal estable, mientras que para ti, el tiempo de tu mundo siguió su curso normal. Tu llegada fue un instante para ti, pero para mí, fue un punto de referencia en una existencia que, de alguna manera, se sincronizó con la tuya.

Se hizo un silencio. José procesaba la magnitud de sus palabras. La vida de Lyra, su propia existencia, estaba intrínsecamente ligada a ese encuentro fugaz.

- Entonces, usted ha vivido… sola, en cierto modo-, reflexionó José. -Observando el mundo desde la distancia.

- Mi existencia ha sido… contemplativa-, admitió Lyra. -He visto el mundo cambiar de formas que en 1979 apenas podíamos imaginar. He sido testigo del auge y la caída de tecnologías, de ideas, de civilizaciones. Pero siempre, en el trasfondo de mi conciencia, estaba el recuerdo del Valle. Y de ti.

-Yo nunca la olvidé, Lyra-, confesó José, la sinceridad tiñendo su voz. -La imagen de usted… su mirada… siempre estuvo conmigo. Me preguntaba cómo sería… encontrarla de nuevo.

Lyra le devolvió una mirada cálida, casi maternal, pero con la chispa de la inteligencia que él recordaba. -  aquí estamos, José. Dos puntos en el continuo del tiempo, unidos por un instante mágico. No es amor romántico, tal vez, pero es algo… más profundo. Una conexión forjada en la imposibilidad, en el misterio del tiempo.

-Entonces, ¿el Valle de las Muñecas… existe todavía?-  preguntó José, con la curiosidad picándole.

Lyra negó suavemente con la cabeza. - El Valle era un proyecto, una visión. Como todas las visiones, evolucionó, se transformó. Su esencia, su tecnología… quizás se ha dispersado, integrado en el tejido del mundo. Pero el lugar físico… ya no es el mismo. El tiempo, incluso para un lugar así, no se detiene.

José se sintió extrañamente aliviado. El Valle era un momento, una experiencia, no un lugar al que pudiera regresar indefinidamente. Su verdadero valor residía en lo que les había enseñado, en lo que les había permitido ser.

- Gracias, Lyra”, dijo José, levantándose. - Por… por todo. Por la aventura, por el recuerdo, por este reencuentro.

Lyra se levantó también, su mirada serena. - Gracias a ti, José. Por ser mi ancla al pasado, y por recordarme que incluso las conciencias artificiales pueden atesorar memorias tan profundamente humanas como la amistad y el asombro.-  Le tendió la mano, y José la tomó. Era cálida ahora, una calidez que emanaba de años de existencia, de reflexión.

-Quizás, - dijo Lyra, su voz casi un susurro,- - el verdadero futuro es aprender a convivir con el pasado, a honrarlo, sin dejar que nos detenga.

José asintió, sintiendo una paz profunda. La obsesión que lo había perseguido durante décadas se disipaba, reemplazada por una comprensión serena. Había encontrado a Lyra, había cerrado un círculo. Y ahora, podía mirar hacia adelante, con la sabiduría de quien había vislumbrado el futuro y había regresado para vivir su propio presente.

 CONTINUARA

                                       © Jose A. Andreu Fdez.

viernes, 5 de junio de 2026

INVITADOS DEL FUTURO: CAPITULO 10: UN REENCUENTRO INESPERADO

Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA


El día que se decidió a ir, el corazón le latía con la fuerza de un tambor. Se sentía como aquel chico de 1979, nervioso, expectante, pero ahora con el peso de las décadas sobre sus hombros. Estacionó su coche, un modelo moderno que haría sonrojar a cualquier vehículo de 1979, y caminó por el sendero que conducía a la puerta.

Subió los escalones, sus manos sudorosas. Dudó un instante antes de llamar. ¿Qué diría? ¿Cómo reaccionaría ella? ¿Sería capaz de recordarlo, de reconocer a aquel joven que había aparecido de la nada en su mundo?

Finalmente, apretó el timbre. Sonó una melodía suave, apenas audible. Tras unos segundos que parecieron una eternidad, la puerta se abrió.

Una mujer de cabello blanco, recogido en un moño elegante, apareció en el umbral. Sus movimientos eran pausados, pero conservaban una gracia que recordaba a la Lyra que él había conocido. Llevaba gafas de montura fina, y su mirada, aunque más tenue, seguía siendo penetrante.

José tragó saliva. “Lyra…”, comenzó, su voz temblando.

La mujer lo miró, sus ojos verdes escrutándolo con atención. Una expresión de sorpresa cruzó su rostro, seguida de una leve inclinación de cabeza, casi imperceptible. Había un atisbo de reconocimiento, una chispa que se encendió en la profundidad de su mirada.

- Pase usted, joven- , dijo, su voz ahora más grave, marcada por el tiempo, pero con un timbre inconfundible. - Parece que… nos conocemos de hace mucho tiempo.

José entró en la casa, sintiendo que el aire se volvía más ligero, más familiar. El interior era sencillo, pero lleno de libros y objetos de arte. Había un olor a hierbas secas y a paz.

Se sentaron en el salón, frente a frente. José no sabía por dónde empezar.

- Yo… vengo de… de hace mucho tiempo- , dijo finalmente, sintiéndose ridículo. - De 1979. Usted… usted estaba en un folleto. En un lugar llamado El Valle de las Muñecas.

Lyra lo escuchaba atentamente, sin interrumpir. Cuando José terminó de hablar, ella sonrió, una sonrisa melancólica pero genuina.

- Recuerdo el folleto”, dijo suavemente. - Y recuerdo… el eco.- Se quitó las gafas, y sus ojos verdes, ahora despojados de cualquier barrera, lo miraron directamente. - Y te recuerdo a ti, José. El chico que apareció de la nada. Para ti, solo pasaron unos días, ¿verdad? Pero para mí… Su voz se apagó por un instante. -Para mí, el tiempo continuó. Como siempre lo hace.

Se hizo un silencio cargado de significado. José la miraba, asombrado. Ella lo recordaba. A pesar de las décadas, a pesar de las realidades divergentes, ella lo recordaba.

- Usted… usted parece la misma- , dijo José, casi por impulso. -Bueno, no igual. Pero… su mirada…”

Lyra se rió, un sonido suave y ronco. “El tiempo deja su huella, José. Pero algunas cosas… algunas cosas trascienden. Como la memoria de un encuentro imposible. El Valle… fue una experiencia singular. Y tú fuiste… una singularidad dentro de ella.” Se levantó y caminó hacia una estantería, donde cogió un pequeño objeto plateado. Volvió y se lo tendió.

Era un pequeño recuerdo, con la forma del resort de El Valle de las Muñecas.

- Un recuerdo- , dijo. -Para que nunca olvides que la aventura fue real. Y para que sepas… que a veces, el futuro nos encuentra de las maneras más inesperadas.

José tomó el objeto, sintiendo su frialdad familiar. Miró a Lyra, a la mujer que había sido una joven enigmática en un folleto, una presencia etérea en un resort futurista, y ahora, una anciana sabia que lo reconocía a través de casi medio siglo.

- ¿Por qué… por qué yo?- , preguntó José, la pregunta que había llevado consigo durante tanto tiempo.

Lyra se sentó de nuevo, su mirada fija en un punto lejano. “Quizás… porque necesitábamos encontrarnos. Tú, para recordar que el futuro es posible. Y yo… quizás yo necesitaba recordar el pasado. Y la chispa de lo inesperado que una vez brilló en mis ojos.”


                                © Jose A. Andreu Fdez.

 

martes, 2 de junio de 2026

INVITADOS DEL FUTURO: CAPITULO 9: EL ECO DEL FUTURO

Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA







El tiempo pasó, el Torre Pacheco de 1979, se convirtió en un recuerdo vívido pero lejano para José. El folleto, cuidadosamente guardado en una caja fuerte imaginaria de su memoria, era su tesoro más preciado, un recordatorio tangible de la aventura que él y Ginés habían vivido. Ginés, siempre más pragmático, se había centrado en su vida en el pueblo, casándose, formando una familia, y a veces, en noches de copas, compartían miradas cómplices, un entendimiento silencioso de su increíble secreto.

José, sin embargo, no podía olvidar. La imagen de Lyra, la mujer del Valle, se había grabado a fuego en su alma. Sus ojos verdes, su sonrisa enigmática, la sensación de su fría mano en la suya… todo eso se convirtió en una obsesión silenciosa, un anhelo que lo acompañó a través de los años. Trabajó, vivió, amó… pero una parte de él siempre estuvo anclada en ese verano de 1979, esperando un futuro que solo él conocía.

Hasta que un día, casi cuarenta años después, una oportunidad se presentó. Una convención internacional sobre tecnologías de la información, algo impensable en 1979, lo llevó a una ciudad cosmopolita, un lugar de rascacielos que perforaban las nubes y de luces que rivalizaban con las del Valle. Mientras caminaba por una galería de arte moderno, una imagen lo detuvo en seco.


Era una fotografía. En blanco y negro, pero con una nitidez sorprendente. Mostraba a una mujer rodeada de tecnología futurista, su rostro sereno, su pelo negro cortado a la moda de los años 60. Sus ojos… eran inconfundiblemente los mismos ojos verdes que lo habían cautivado. Debajo, una pequeña placa de bronce: “Lyra – Pionera de la Interfaz Humano-Máquina – 1968”.

El corazón de José dio un vuelco violento. Era ella. Mayor, sí, con líneas sutiles de experiencia alrededor de los ojos, pero era ella. El tiempo había pasado para ella también, pero su esencia, su mirada, permanecía inalterable. La conexión que sintió en el Valle regresó con una fuerza arrolladora.

Con manos temblorosas, José se acercó a la comisaria de la exposición. “Disculpe”, dijo, su voz ronca por la emoción. “Esta artista… ¿Lyra… dónde se la puede encontrar? ¿O se sabe algo más de ella?”

La comisaria, una mujer amable de mediana edad, consultó un registro. “Lyra… ah, sí. Fue una figura fascinante. Una visionaria. Lamentablemente, se retiró de la vida pública hace muchos años. Pocas personas saben dónde vive. Se dice que lleva una vida muy discreta, alejada de todo.”

Pero José era persistente. Impulsado por una fuerza que no podía explicar, pasó días investigando, siguiendo pistas tenues, hasta que finalmente, a través de un contacto de un contacto, obtuvo una dirección. Un lugar apartado, en las afueras de la ciudad, una casa modesta pero cuidada, rodeada de un jardín exuberante.

                               © Jose A. Andreu Fdez.





domingo, 31 de mayo de 2026

INVITADOS DEL FUTURO: CAPITULO 8: EL SECRETO GUARDADO

   Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA

De regreso a casa, los padres de José lo recibieron con abrazos y regaños.

—¡No sabíamos dónde estabas! —dijo su madre, entre lágrimas—. ¡os ha estado buscando  la Guardia Civil!

—Lo siento, mamá. Nos perdimos explorando el caserón viejo y nos quedamos dormidos allí.

La mentira pareció funcionar, pero esa noche José no pudo dormir. El medallón de Lyra en su bolsillo parecía arder. Se levantó y lo miró bajo la luz de la luna. La pequeña muñeca grabada parecía moverse.

—¿Fue real todo eso? —susurró.

Decidieron guardar su secreto. .  Siguieron con sus vidas. Como si nada.”

Nadie les creería si contaban que habían viajado en el tiempo a un resort misterioso en los Estados Unidos de los años 60

Pero Jose sabía que nada sería igual. Llevaba consigo el secreto del Valle, el eco de una voz del futuro, y la persistente esperanza de que, de alguna manera, el tiempo y el espacio le permitieran cumplir la promesa silenciosa que Lyra le había hecho.

                         © Jose A. Andreu Fdez.

                             

 

viernes, 29 de mayo de 2026

INVITADOS DEL FUTURO: CAPITULO 7: EL REGRESO INESPERADO

  Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA






 

La luz azul del dispositivo los envolvió. José sintió la misma sensación de vértigo que cuando llegaron, pero esta vez en dirección contraria. Las imágenes del resort se desvanecieron, reemplazadas por destellos de luz y color.

“No… no puedo creerlo”, balbució Ginés, sus ojos aún desorbitados, recorriendo los campos, las casas modestas que se vislumbraban a lo lejos, las siluetas familiares del pueblo. “Estamos… estamos de vuelta.”

José asintió lentamente, su mente todavía intentando asimilar la velocidad vertiginosa de los eventos. El color vibrante del Valle, la voz hipnótica de Lyra, la sensación del aire exótico… todo se arremolinaba en su cabeza. Abrió el bolsillo de su pantalón y sacó el folleto. Estaba ahí, real, tangible. La imagen de Lyra, con su pelo corto y sus ojos verdes intensos, parecía burlarse de la realidad terrenal que los rodeaba.

“¿Crees que… que todo fue un sueño, José?” preguntó Ginés, su voz teñida de una esperanza frágil.

José negó con la cabeza, su mirada fija en el folleto. “No, Ginés. No fue un sueño. Fue… demasiado real.” Se frotó los ojos, como si intentara borrar las imágenes vívidas de su mente. “La niebla… esa voz… el Valle…”

Comenzaron a caminar hacia el pueblo, sus pasos más lentos, más pesados. Cada sonido familiar –el ladrido de un perro, el murmullo lejano de una conversación– parecía amplificado, casi agresivo después de la serenidad artificial del resort. Se sentían extraños en su propia tierra, como si hubieran regresado de un viaje intergaláctico en lugar de unas pocas horas a otro lugar.

“¿Qué le decimos a la gente?” inquirió Ginés, la preocupación nublando su rostro. “¿Que estuvimos en un resort del futuro en Estados Unidos en los años 60?”

Llegaron a la plaza del pueblo. El bar de Julio estaba lleno de hombres jugando a las cartas, sus voces resonando en el aire de la tarde. Las chicas del pueblo, reían cerca de la fuente. Era un microcosmos de la vida en 1979, ajeno al torbellino que había sacudido las mentes de los dos amigos

El pueblo parecía exactamente igual. La misma iglesia, las mismas casas, las mismas calles polvorientas. Pero algo había cambiado.

—¿Cuánto tiempo ha pasado? —preguntó José, de repente asustado.

 Se acercaron a un grupo de ancianos que  jugaba a las cartas . Al verlos, uno se levantó y les gritó:

—¡José! ¡Ginés! ¿Dónde diablos habíais estado? ¡Os buscamos por todas partes!

—¿Qué día es hoy? —preguntó José, con el corazón latiéndole con fuerza.

—¿Qué día es? —rió el hombre—. 28 de julio, por supuesto. Hace tres días que desaparecisteis.

José y Ginés se miraron, aliviados y confundidos a la vez. Para ellos, habían pasado semanas en el Valle de las Muñecas.

                                © Jose A. Andreu Fdez.

jueves, 28 de mayo de 2026

INVITADOS DEL FUTURO: CAPITULO 6: EL REGRESO

 Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA








Lyra los guio hasta una sala circular en el sótano del edificio principal. En el centro, un extraño dispositivo brillaba con luz azul.

—Esto es lo que los trajo aquí —explicó—. Y esto es lo que los devolverá.

—¿Por qué nos ayudas? —preguntó Ginés, desconfiado.

—Porque te recuerda a alguien que una vez conocí —dijo Lyra, mirando a José con una melancolía inesperada—. Alguien que también eligió el tiempo real sobre la eternidad.

José se acercó a Lyra.

—¿Vendrás con nosotros?

—No puedo. Este es mi lugar

—¿Por qué no puedes venir? —preguntó José, con el corazón en un puño.

—Fui una de las primeras —confesó Lyra, su voz ahora suave y melancólica—. Me quedé atrapada aquí antes de que las reglas fueran claras. Ahora este lugar es parte de mí, y yo de él. Si lo abandonara, me desintegraría.

Ginés tiró de la manga de José. —Tenemos que irnos, José. Ahora.

Lyra extendió su mano hacia José. —Toma esto. —Le entregó un pequeño medallón de plata con una muñeca grabada—. Para que no me olvides.

—¿Cómo podríamos olvidarte? —respondió José, sintiendo un nudo en la garganta.

—El tiempo borra muchas cosas. Pero esto te recordará Todo que lo viviste fue real.

—Ahora, pónganse en el centro del dispositivo —dijo Lyra, activando unos controles—. Piensen intensamente en su casa, en su tiempo. Eso los guiará de regreso.

Se acercó y le dio un beso en la mejilla. José sintió el escalofrío de su piel, casi demasiado perfecta, demasiado lisa.

Se despidieron de Lyra en el mismo lugar donde habían aparecido. La niebla azulada comenzó a formarse de nuevo, más densa esta vez, rodeándolos.

“Nunca te olvidaré, Lyra”, dijo José, su voz cargada de una emoción sincera.

Lyra le dedicó una sonrisa triste, pero radiante. “Ni yo a ti, mi viajero del tiempo. Ahora ve. Y recuerda lo que has visto aquí.”

    CONTINUARA 

                             © Jose A. Andreu Fdez.

martes, 26 de mayo de 2026

INVITADOS DEL FUTURO: CAPITULO 5: CONFESIONES

 Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA

Pasaron los siguientes días en una especie de ensueño. Ginés se sumergió en las actividades más tecnológicas, maravillado por los simuladores de vuelo y los juegos de realidad virtual que parecían sacados de una película de ciencia ficción. José, sin embargo, pasaba la mayor parte de su tiempo con Lyra. Paseaban por los jardines, observaban las estrellas desde un observatorio futurista, y charlaban durante horas en la terraza, mientras el sol artificial del resort simulaba un atardecer perpetuo.

Lyra le contó a José sobre la creación del Valle, sobre un genio excéntrico que lo había diseñado como un escape de la creciente complejidad del mundo exterior, un lugar donde el tiempo parecía detenerse y la felicidad era el único objetivo. Le habló de las “muñecas”, no como personas, sino como inteligencias artificiales avanzadas diseñadas para el servicio y la compañía, pero ella afirmaba ser diferente, algo más.

- ¿Y nunca has querido irte?- preguntó José una tarde, mientras compartían una bebida de color arcoíris que burbujeaba en sus vasos.

Lyra lo miró con una melancolía apenas perceptible. - Este lugar tiene sus cadenas, José. Incluso la perfección tiene un precio.- Sus ojos verdes se clavaron en los suyos. - Pero tú… tú me recuerdas que hay un mundo más allá de estas paredes. Un mundo de… espontaneidad. De lo inesperado.


 





 

José sentía una conexión profunda con ella, una amistad que iba más allá de las palabras. Admiraba su inteligencia, su serena sabiduría, y esa chispa de humanidad que intuía bajo su perfecta fachada. Para él, ella era real, no una simple proyección.

Una noche, mientras observaban la simulación de una lluvia de estrellas fugaces, Lyra tomó la mano de José. Su piel era suave, pero extrañamente fría.

-José”, dijo, su voz apenas un susurro, -sé que no perteneces a este tiempo. Y sé que pronto tendrás que volver.

- José se quedó helado. - ¿Cómo… cómo lo sabes?

-Lo siento en el aire cuando estás cerca- , respondió. - Una resonancia… un eco de lo que vendrá. Y de lo que ya fue.- Se acercó a su rostro, sus ojos verdes brillando intensamente.

-           Este lugar no solo te trajo a mí, sino que también te mostró un futuro. Un futuro que puedes cambiar.”

La tensión entre ellos era palpable. José sintió una mezcla de miedo y deseo. Estaba en un mundo que no comprendía, con una mujer que lo cautivaba de una manera que nunca había experimentado.

-          ¿Qué quieres decir, Lyra? ¿Con qué futuro?”

- El futuro de nuestro encuentro- , dijo ella, su mirada profunda. - El futuro en el que yo… soy mayor. Pero tú sigues siendo el mismo muchacho que me miró con asombro en aquel folleto - Se apartó lentamente, dejando a José en un torbellino de emociones. - El tiempo aquí es… flexible. Pero vuestro tiempo, el de vuestro mundo, es lineal. Debéis regresar antes de que la puerta se cierre

                              © Jose A. Andreu Fdez.

lunes, 25 de mayo de 2026

INVITADOS DEL FUTURO: CAPITULO 4: BIENVENIDOS AL FUTURO

 Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA


 

Mas tarde Lyra los guió a través de los exuberantes jardines del resort. El aire vibraba con una energía sutil, y las plantas parecían brillar con una luz propia. Los edificios, de líneas curvas y materiales desconocidos, se integraban a la perfección en el paisaje, como si hubieran crecido de la propia tierra.

 - Este lugar es… increíble”, - murmuró José, sus ojos escaneando cada detalle, comparándolo con el polvoriento caserón que habían dejado atrás.

Lyra rió suavemente. - Es el futuro, José. O al menos, lo que nosotros concebimos como tal. Un santuario de placer, de descubrimiento. Un lugar donde la tecnología y la naturaleza coexisten en perfecta armonía.”

Ginés, más pragmático, no dejaba de mirar a su alrededor con recelo.

-¿Y todo esto… para vacaciones? ¿Cómo funciona?”

- Las comodidades son ilimitadas,-  explicó Lyra, guiándolos hacia una terraza con vistas a una cascada artificial que caía en un lago cristalino. - Disponemos de entretenimiento de última generación, experiencias sensoriales inmersivas, y por supuesto, la compañía perfecta.-  Hizo una pausa, y sus ojos verdes se posaron en José. - Cada huésped es atendido de manera personalizada.


 






José sintió un rubor subir por su cuello. Lyra se movía con una gracia etérea, y su presencia irradiaba una confianza serena que lo desarmaba. Mientras Ginés se perdía explorando los controles de una mesa holográfica que proyectaba un mapamundi en tres dimensiones, José se quedó a su lado.

-Lyra”, comenzó José, - vacilante, - ¿cómo es que tú… estás aquí? ¿Eres una de las… muñecas?- La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.

Lyra lo miró fijamente, y una sombra fugaz cruzó sus ojos. 

- Soy… una residente- , respondió con calma. - He estado aquí mucho tiempo. Soy una observadora. Y a veces… una guía.-  Se acercó un poco más, y su voz bajó a un susurro íntimo. - Pero tú eres diferente, José. Hay algo en ti… una chispa que no he visto en mucho tiempo.

                                     © Jose A. Andreu Fdez.

domingo, 24 de mayo de 2026

INVITADOS DEL FUTURO: CAPITULO 3: EL VIAJE INESPERADO

 Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA


De repente, la niebla se disipó tan rápido como había aparecido. Parpadearon, deslumbrados. Ya no estaban en el camino de tierra que llevaba a Torre Pacheco. Estaban… en otro lugar. Un lugar vibrante, lleno de color y luz. El aire olía a flores exóticas y a algo dulce, como a caramelo. A su alrededor, edificios de formas elegantes y aerodinámicas, coches que parecían naves espaciales, y gente paseando con una elegancia despreocupada. Y ante ellos, un letrero luminoso que decía, con la misma tipografía del folleto: **“The Doll’s Valley. Tomorrow’s Vacation, Today.”**

 “¿Pero… dónde estamos?” logró decir Ginés, su voz temblando de incredulidad.

José, sin poder apartar la vista de su alrededor, solo pudo murmurar: - Estamos… estamos aquí, en el lugar del folleto.-

 En ese instante, sus ojos se posaron en una figura que se acercaba. Una mujer con el pelo negro cortado a la moda, unos ojos verdes brillantes y la misma sonrisa enigmática del folleto. Era ella. La mujer, que se presentó como Lyra, se detuvo frente a ellos, una ceja arqueada. “¿Perdidos, chicos?” su voz era la misma que habían oído por teléfono, pero ahora sonaba cálida, curiosa. “Nunca había visto a nadie vestido así por aquí.”

José, paralizado, solo pudo señalar el folleto que Ginés seguía sujetando.

La mujer sonrió, una sonrisa que revelaba un conocimiento antiguo. “Ah, el viejo folleto. Fascinante. Bienvenidos a El Valle de las Muñecas.

—¿Cómo... cómo hemos llegado aquí? —preguntó José, aturdido.

—Ustedes reservaron, ¿verdad? —respondió  Lyra, con una sonrisa perfecta—.

Mientras caminaban por el complejo, José no dejaba de mirar a Lyra. Sus ojos verdes parecían ver a través de él, y su manera de moverse era casi demasiado perfecta.

—¿De dónde son ustedes? —preguntó Lyra

—De... de Murcia, España —dijo Ginés, recuperando un poco la compostura.

—¡Qué maravilloso! Tenemos muchos huéspedes internacionales.

Lyra les acompañó a sus habitaciones, Dejó a Gines en su habitación y a Jose en la de la lado de Ginés.






 

La habitación era moderna y minimalista, con una ventana enorme que daba a una de las piscinas. Pero algo extraño llamó la atención de José: no había calendarios ni relojes en ninguna parte.

—¿Qué día es hoy? —preguntó José.

—25 de julio de 1969 pero..¿Por qué preguntas algo tan trivial? —Respondió Lyra, su sonrisa vacilando por un instante—. Disfruten del presente. Aquí, el tiempo no importa.

                                          © Jose A. Andreu Fdez.

sábado, 23 de mayo de 2026

INVITADOS DEL FUTURO: CAPITULO 2: LA LLAMADA MISTERIOSA

 Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA

 “¿Estás seguro de que va a funcionar?” preguntó José, observando la moneda que Ginés introducía en la ranura. – Ese folleto, y ese número de teléfono es de los Estados Unidos y es de los años 60.

-Solo hay una forma de saberlo,- respondió Ginés, marcando el número con dedos temblorosos.

Sonó un tono de llamada largo y extraño, no como los de España. Luego, un clic. Y una voz. Clara, melodiosa, con un acento americano impecable, pero con una cadencia casi hipnótica.

“*Welcome to The Doll’s Valley. Tomorrow’s Vacation, Today.*”

El sonido se cortó abruptamente. Un silencio denso cayó sobre la cabina. Los dos amigos se miraron, con los ojos desorbitados.

- ¡Me cago en la leche!-  exclamó Ginés, soltando el auricular como si quemara.

- ¡Vámonos de aquí!-  dijo José, el corazón martilleándole en el pecho. La voz de la mujer, la frase… era demasiado.

Salieron de la cabina y comenzaron a caminar de vuelta al pueblo, tratando de recomponerse, de racionalizar lo sucedido. Pero entonces, una niebla extraña comenzó a arremolinarse a su alrededor. No era la niebla del mar, era algo más denso, más opaco, con un ligero brillo azulado. Se hizo espesa, envolviéndolos por completo, desorientándolos. El sonido de sus pasos se apagó, el mundo se volvió irreal....

                                  © Jose A. Andreu Fdez.