domingo, 3 de mayo de 2026

Sombras en la Oficina: Capitulo 2: Confesión Bajo la Lluvia

 Nota del autor: la imágenes que ilustran este relato han sido generadas por Inteligencia Artificial por AI Free Video, y PixVerse y  al igual que lo relatado en esta ficción cualquier parecido con personas  o historias de la realidad es pura y mera coincidencia.


La lluvia caía sin piedad esa tarde de viernes, convirtiendo las calles en espejos rotos. Mateo y Ana habían salido del bar cerca de la oficina con paraguas compartidos y una conexión nueva latiendo entre ellos. Habían reído sobre anécdotas tontas del trabajo, pero cuando el aguacero arreció, Ana miró su reloj. "Vivo a dos cuadras, ¿entras a esperar que pare? No quiero que te mojes más".

Mateo dudó, pero el destino —o el corazón— lo empujó. Subieron las escaleras empapados al pequeño apartamento de Ana en un edificio viejo pero acogedor. Era un refugio cálido: libros apilados, velas aromáticas, una manta mullida en el sofá. "Toma, seca esto", dijo ella, pasándole una toalla y un té caliente. Se sentaron cerca, el vapor subiendo entre ellos.

Ese calor, su cercanía, rompió las defensas de Mateo. "Ana... tengo que decirte algo", balbuceó, voz quebrada. Ella dejó la taza, preocupada. "¿Qué pasa?"

Las lágrimas vinieron como la lluvia afuera.

-       Siento algo por ti desde hace meses. Tu dulzura, cómo eres con todos... duele verte abrazar a otros, reír con ellos, mientras yo soy invisible. Pensé que no te gustaba, que llevaba esto solo para siempre".- Se derrumbó,  Sollozó, cubriéndose la cara, el cuerpo temblando en ese sofá extraño pero seguro.

Ana no se apartó. Sus ojos se llenaron de ternura, y lo abrazó con fuerza, atrayéndolo contra su pecho. 

-       Ven aquí corazón…Shh, tranquilo mi amor... desahógate todo lo que quieras cariño",- murmuró, acariciando su cabello mojado mientras él lloraba liberado.

-       Tranquilo corazón mío.. estas temblando..shh ya esta .. corazón ya .. tranquilo..- susurraba Ana mientras no dejaba de acariciarlo.

-       "No.. no lo sabía, Mateo. Eres el que me hace sonreír con tus notas en la oficina, tus trucos geniales. Yo también era tímida contigo... pensaba que no querías hablarme. No eres invisible corazón, eres especial".- Le susurraba Ana Con ternura mientras no dejaba de acariciarlo.

                                


Él levantó la vista, sorprendido. "¿No te molesta?" Ella negó, limpiándole las lágrimas con dulzura. "Me emociona. Vamos despacio, ¿sí? Pero cuéntame todo, no guardes nada". Se quedaron así una hora: él vaciando el dolor de meses —los abrazos ajenos, la soledad, la carta no enviada—, ella escuchando, abrazándolo, su cariño ahora un bálsamo solo para él.

La lluvia seguía cayendo fuera. "Mañana, ¿café en mi cocina? Como amigos... o lo que nazca", propuso Ana con una sonrisa tímida. Mateo asintió, el corazón aliviado. Salieron juntos, pero algo había cambiado en ese apartamento íntimo. De sombras a lágrimas compartidas, su historia ganaba calidez...

   CONTINUARÁ 

                                       © Jose A. Andreu Fdez.

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