martes, 5 de mayo de 2026

CARTA A UNA AMISTAD NO CORRESPONDIDA

 Nota del autor: Imagen generada por IA







 

A veces, la vida nos presenta encrucijadas silenciosas, caminos que tomamos sin darnos cuenta hasta que nos encontramos en medio de un paisaje de anhelo y melancolía. Hoy me encuentro aquí, escribiendo a una sombra, que permanece, cruelmente, fuera de mi alcance.

Me hablas poco, apenas un saludo fugaz, un "buenos días" que se pierde en el ajetreo del día. Escucho esas palabras amables que regalas a otros como si fueran confeti. Risas compartidas que yo anhelo pero no recibo. veo cómo distribuyes tu afecto con generosidad, cómo tus abrazos y palabras reconfortantes llegan a todos... excepto a mi.

Cada escena es una puñalada, un recordatorio de que soy invisible para ti. Y duele en la carga que llevo sin poder compartirla con nadie más. Llevo esta tristeza como una mochila pesada, solo yo sé de sus piedras, y las noches se alargan con "qué pasaría si…

 Y en mi soledad me pregunto, ¿qué hay en mí que no despierta esa misma ternura que ofreces tan libremente a los demás? Y  tengo la respuesta, Tengo la certeza de  que no soy de tu agrado —o al menos, eso me dice mi intuición, esa voz cruel que interpreta cada silencio como rechazo.

 He intentado ser amigo, acercarme sin presiones, construir un puente palabra por palabra, pero cada intento parece chocar contra esa barrera que no sé si es indiferencia, timidez o simplemente la constatación de que no soy de tu agrado

No te culpo por no sentir lo mismo. La amistad no se puede forzar, no se puede negociar. Simplemente es, o no es. Y ni yo ni  nadie tenemos derecho a obligar a nadie ser amigos  Y aunque duele aceptarlo, asi debe ser.

Escribir esto no cambiará nada, no borra el dolor de verte feliz con otros. Pero libera. Me recuerda que mi corazón aún late con fuerza..

Escribo esta carta que nunca enviaré, solamente  porque necesito liberar este peso que llevo solo. Esta carta es un desahogo, un lienzo donde pinto mis sentimientos más puros y, a la vez, más dolorosos. No espero que estas palabras lleguen a a nadie. Busco, quizás, un poco de alivio para mí mismo, un acto de valentía al reconocer esta verdad que me habita.

Anhelo la posibilidad de construir un puente de amistad. Pero el miedo a la indiferencia, a la confirmación de que no soy de tu agrado, me paraliza. Y mientras tanto, sigo aquí, como un espectador aferrado a la esperanza de que un día, las cosas puedan ser diferentes, o al menos, que pueda aprender a navegar estas aguas sin ahogarme en su inmensidad.

Quizás algún día llegue ese afecto puro del  que no espera nada a cambio. Quizás algún día pueda ver tus abrazos a otros sin sentir ese agujero en mi pecho.  Quizás un día te conviertas en un bonito recuerdo, o quizás el destino me sorprenda.

Por ahora, me quedo con la belleza de tu recuerdo, con la esperanza tácita de una posible amistad, y con el dolor silencioso de una amistad que, quizás, nunca llegue a ser correspondida.

Con todo mi cariño y afecto que no te puedo dar y que guardaré para siempre en silencio.

Un alma que admira desde la distancia y que te observa en silencio

                                  © Jose A. Andreu Fdez.


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