lunes, 4 de mayo de 2026

Sombras en la Oficina: Capitulo 3: Susurros Románticos

  Nota del autor: la imágenes que ilustran este relato han sido generadas por Inteligencia Artificial por AI Free Video, y PixVerse y  al igual que lo relatado en esta ficción cualquier parecido con personas  o historias de la realidad es pura y mera coincidencia.

El sábado amaneció nublado en el apartamento de Ana. Mateo llegó puntual, con una bolsa de croissants frescos y nervios bailando en el estómago. Ella abrió la puerta en pantalones cómodos y una camiseta holgada, el cabello suelto cayendo como cascada. "¡Entra, chef!", rió, y su abrazo de bienvenida duró un segundo de más —ese roce de cuerpos que dice todo sin palabras.

En la cocina pequeña, prepararon café mientras charlaban. Pero el romanticismo se coló como niebla dulce: Ana rozó su mano al pasarle la taza, sus dedos entrelazándose un instante. "Ayer... gracias por ser honesto. Me gustó verte vulnerable", confesó ella, ojos brillando. Mateo tragó saliva. "Y a mí, sentirte cerca. Eres como un poema que no sé recitar".

Se sentaron en el sofá del día anterior, el mismo testigo de lágrimas. Ahora, en vez de dolor, había calidez. Ana se acurrucó un poco contra él, hombro con hombro.

-   Cuéntame más de ti. ¿Qué escribes en ese diario?.

Él sonrió, rojo, y leyó fragmentos de su "carta no correspondida" —versos sobre su sonrisa, su risa como música. Ella escuchaba embelesada, mano en su rodilla.

- Es precioso... yo podría ser esa musa, ¿sabes?".

El aire se cargó. Mateo giró su rostro con ternura, pulgares rozando sus mejillas.

-   Ana, ¿puedo...?. -Ella asintió, cerrando los ojos. Sus labios se encontraron en un beso suave, romántico, como lluvia fina: primero tímido, explorando, luego profundo, con manos enredadas en cabello y cintura. Sabía a café y promesas. Se separaron jadeantes, frentes juntas.

-   Esto se siente bien", susurró ella. - Despacio, pero juntos.

Pasaron la tarde paseando por un parque cercano, manos entrelazadas, robándose besos bajo árboles. Ana le regaló un libro de poemas con una nota: “Para mi poeta de oficina”- Mateo sintió que las sombras se disipaban; el amor, al fin, era recíproco.

 CONTINUARA...

                                    © Jose A. Andreu Fdez.

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