Torre Pacheco, lugar donde sucedió esta historia
Esta historia sucedía en el verano de aquel (para
mi) mágico año 1981, todo comenzó cuando
llegaron a nuestro pueblo dos familias para pasar disfrutar de sus vacaciones
estivales. Pronto hicimos amistad co sus hijos/as, entre ellos estaba una chica
que enseguida despertó el interés de dos de mis amigos, una chica rubia de pelo
largo y muy guapa y simpática.
Pasaron los días y mis dos amigos se
fueron distanciando de nosotros donde estaban las chicas y ella por allí
andaban ellos, a veces íbamos todos juntos, otras los chicos y las chicas cada
uno por su lado, pero los dos chicos solían andar cerca de la chica.
Lo que al principio empezó como algo inocente, pero los celos hicieron su
aparición en escena convirtiendo la historia en una sana y en ocasiones
divertida guerra entre mis dos amigos por conseguir conquistar a la chica, una
guerra, una historia que todos los de la pandilla seguimos con el interés que
se siguen en la actualidad las noticias del corazón.
Pero de todos es sabido, que los celos no son para
nada ni sanos ni divertidos y la larga no traen nada bueno para nadie, como
bien pudimos comprobar días después.
Resulta que en nuestro descampado había un rinconcito
como un pequeño bosque, y ese lugar un rinconcito con el suelo de hierba y
rodeado por plantas altas que lo convertían en un estupendo refugio donde
esconderse.. un pequeño refugio convertido en nido de amor….
Una mañana de aquellas vacaciones, me encontré con mis
amigos que alterados me llevaron al refugio.
-
Ayer
estuvieron aquí los dos juntos , me decían mientras me señalaban el estado en
que se encontraba aquel escondite.
Imagen generada por IA
La hierba se encontraba aplastada como si alguien
hubiese estado sentado sobre ella, también había dos envases de helado, era la
prueba de que allí estuvieron dos personas aquella tarde. Alguien habia ganado
aquella absurda batalla, porque la guerra final llegaría horas después, cuando
en una de nuestras tertulias, salió el tema de la cita entre los dos chicos y
mis dos amigos se enzarzaron en una batalla de golpes, puñetazos, insultos…
ante nuestra mirada, al poco tiempo pudimos separarlos, mientras se insultaban,
uno de ellos con lagrimas en los ojos.
Y como todo tiene un final (al menos eso dicen) las
vacaciones de estas dos familias tocaban a su fin, una tarde de sábado gris y
lluviosa, llamaron a mi puerta, eran los chicos que venían a despedirse, mis
dos amigos habían perdonado y firmado la paz con una fiesta, una fiesta que a
la que solo acudieron mis dos amigos y la chica, recuerdo como uno de ellos
emocionado me señalaba a la mesa con restos de patatas fritas, y golosinas, a
la vez que me contaba que tenían su dirección para cartearse mientras fuera
caía una fina lluvia que anunciaba el final de un mágico verano.
A día de hoy creo que no se supo (o yo ya no lo recuerdo) quien fue el
“afortunado” en pasar aquella tarde con aquella chica en aquel refugio, como
tampoco he vuelto a saber nada de aquellos amigos ni de la chica ni tampoco he
tenido ocasión de hablar del tema con los chicos protagonistas, uno ya no vive
en mi pueblo y al otro hace mucho que no le veo, pero lo que si es seguro, es
que solo ellos tres, sepan lo que sucedió esa tarde en ese escondite, ni
tampoco lo que sucedió en aquella fiesta, pero seguro que los recuerdos de
aquellas felices horas acompañaran a mis amigos para siempre.
Jose Antonio Andreu Fdez.
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