Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA
Lyra los guio hasta una sala circular en el sótano del edificio principal. En el centro, un extraño dispositivo brillaba con luz azul.
—Esto es lo que los trajo aquí —explicó—. Y esto es lo que los devolverá.
—¿Por qué nos ayudas? —preguntó Ginés, desconfiado.
—Porque te recuerda a alguien que una vez conocí —dijo Lyra, mirando a José con una melancolía inesperada—. Alguien que también eligió el tiempo real sobre la eternidad.
José se acercó a Lyra.
—¿Vendrás con nosotros?
—No puedo. Este es mi lugar
—¿Por qué no puedes venir? —preguntó José, con el corazón en un puño.
—Fui una de las primeras —confesó Lyra, su voz ahora suave y melancólica—. Me quedé atrapada aquí antes de que las reglas fueran claras. Ahora este lugar es parte de mí, y yo de él. Si lo abandonara, me desintegraría.
Ginés tiró de la manga de José. —Tenemos que irnos, José. Ahora.
Lyra extendió su mano hacia José. —Toma esto. —Le entregó un pequeño medallón de plata con una muñeca grabada—. Para que no me olvides.
—¿Cómo podríamos olvidarte? —respondió José, sintiendo un nudo en la garganta.
—El tiempo borra muchas cosas. Pero esto te recordará Todo que lo viviste fue real.
—Ahora, pónganse en el centro del dispositivo —dijo Lyra, activando unos controles—. Piensen intensamente en su casa, en su tiempo. Eso los guiará de regreso.
Se acercó y le dio un beso en la mejilla. José sintió el escalofrío de su piel, casi demasiado perfecta, demasiado lisa.
Se despidieron de Lyra en el mismo lugar donde habían aparecido. La niebla azulada comenzó a formarse de nuevo, más densa esta vez, rodeándolos.
“Nunca te olvidaré, Lyra”, dijo José, su voz cargada de una emoción sincera.
Lyra le dedicó una sonrisa triste, pero radiante. “Ni yo a ti, mi viajero del tiempo. Ahora ve. Y recuerda lo que has visto aquí.”
CONTINUARA
© Jose A. Andreu Fdez.


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