Nota del autor: las imágenes que ilustran este relato de ciencia-ficción están generadas por Inteligencia Artificial IA
De repente, la niebla se disipó tan rápido como había aparecido. Parpadearon, deslumbrados. Ya no estaban en el camino de tierra que llevaba a Torre Pacheco. Estaban… en otro lugar. Un lugar vibrante, lleno de color y luz. El aire olía a flores exóticas y a algo dulce, como a caramelo. A su alrededor, edificios de formas elegantes y aerodinámicas, coches que parecían naves espaciales, y gente paseando con una elegancia despreocupada. Y ante ellos, un letrero luminoso que decía, con la misma tipografía del folleto: **“The Doll’s Valley. Tomorrow’s Vacation, Today.”**
“¿Pero… dónde estamos?” logró decir Ginés, su voz temblando de incredulidad.
José, sin poder apartar la vista de su alrededor, solo pudo murmurar: - Estamos… estamos aquí, en el lugar del folleto.-
En ese instante, sus ojos se posaron en una figura que se acercaba. Una mujer con el pelo negro cortado a la moda, unos ojos verdes brillantes y la misma sonrisa enigmática del folleto. Era ella. La mujer, que se presentó como Lyra, se detuvo frente a ellos, una ceja arqueada. “¿Perdidos, chicos?” su voz era la misma que habían oído por teléfono, pero ahora sonaba cálida, curiosa. “Nunca había visto a nadie vestido así por aquí.”
José, paralizado, solo pudo señalar el folleto que Ginés seguía sujetando.
La mujer sonrió, una sonrisa que revelaba un conocimiento antiguo. “Ah, el viejo folleto. Fascinante. Bienvenidos a El Valle de las Muñecas.
—¿Cómo... cómo hemos llegado aquí? —preguntó José, aturdido.
—Ustedes reservaron, ¿verdad? —respondió Lyra, con una sonrisa perfecta—.
Mientras caminaban por el complejo, José no dejaba de mirar a Lyra. Sus ojos verdes parecían ver a través de él, y su manera de moverse era casi demasiado perfecta.
—¿De dónde son ustedes? —preguntó Lyra
—De... de Murcia, España —dijo Ginés, recuperando un poco la compostura.
—¡Qué maravilloso! Tenemos muchos huéspedes internacionales.
Lyra les acompañó a sus habitaciones, Dejó a Gines en su habitación y a Jose en la de la lado de Ginés.
La habitación era moderna y minimalista, con una ventana enorme que daba a una de las piscinas. Pero algo extraño llamó la atención de José: no había calendarios ni relojes en ninguna parte.
—¿Qué día es hoy? —preguntó José.
—25 de julio de 1969 pero..¿Por qué preguntas algo tan trivial? —Respondió Lyra, su sonrisa vacilando por un instante—. Disfruten del presente. Aquí, el tiempo no importa.
CONTINUARA
© Jose A. Andreu Fdez.


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